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Artículos Científicos - 08/02/2010

Actividad física, más vale tarde que nunca.

"En la revista Archives of Internal Medicine de septiembre de 2009 se publicó un artículo que sugiere que se debe alentar a la realización de actividad física a pacientes de edad avanzada".

Autor del comentario: Dr. Roman F. Zucchi

Si bien las recomendaciones para  fomentar la actividad física no establecen un límite claro de edad, las evidencias que respaldan los beneficios de dicha actividad entre los más ancianos es verdaderamente escasa. Investigadores del Centro Médico de la Universidad Hebrea de Hadassah (Jerusalem, Israel) examinaron los efectos de continuar, aumentar o disminuir los niveles de ejercicio físico sobre la expectativa de vida, conservación de distintas funciones o autonomía y el estado de salud entre los más ancianos.

 

Se utilizaron los datos recolectados enrte 1990 y 2008 para el estudio “Jerusalem Longitudinal Cohort Study”. Del mismo, tomaron una muestra representativa (1861 personas nacidas en 1920 y 1921) y evaluaron la mortalidad entre los 70 y 88 años de edad y parámetros de salud, comorbilidades y el estado funcional a las edades de 70, 78 y 85 años.

 

La mortalidad calculada a los 70, 78 y 85 años fue sensiblemente menor en aquellos participantes físicamente activos con respecto a sus pares de igual edad pero sedentarios. Más aún, cuando los factores de riesgo de mortalidad fueron ajustados, la tasa de mortalidad en los participantes que realizaban actividad física a la edad de 70, 78 y 85 años, persistían más bajas que los que no realizaban actividad alguna. En la misma línea, y esto es lo relevante, el inicio de actividad física entre las edades de 70 y 78 años se asoció con un beneficio sobre la expectativa de vida estadísticamente significativa. El mismo resultado se obtuvo al analizar el inicio de ejercitación a entre los 78 y 85 años.

 

Un dato importante con respecto al beneficio encontrado en términos de mortalidad, es que el efecto no mostró una relación lineal o “dosis-dependiente”. Esto significa que mayores niveles de actividad física no predicen mayor expectativa de vida.

 

Asimismo, la realización de ejercicio físico a los 78 años se asoció a una mayor autonomía e independencia para la realización de actividades de la vida diaria a la edad de 85 años.

 

Las limitaciones de este estudio incluyen los errores involuntarios devenidos del  auto-reporte de datos sobre la actividad física, la limitada extrapolación a otras culturas, etc.

 

Las conclusiones de los autores de este trabajo avalan que, a pesar de la creciente tasa de comorbilidades, incremento de la fragilidad y dependencia en la población añosa, el hecho de continuar o bien iniciar actividades que los mantenga físicamente activos aumenta la calidad (permanecer funcionalmente independiente) y cantidad (expectativa) de vida. Sin dudas que las consecuencias clínicas son muy importantes. Este sector etario de la población se encuentra en rápido crecimiento por lo que es prioritario asumir una posición activa sobre las medidas de salud pública y preventiva.

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