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Salud Plena - 09/06/2017

FEMECON: “Lo que se impone en la agenda, es buscar la forma de cogestión con el Estado”

Lo aseguró Roberto Scarsi, presidente de FEMECON, quien repasa en esta entrevista los objetivos y desafíos actuales que tienen como organización; el vínculo con el Ministerio de Salud bonaerense, IOMA y PAMI; las problemáticas del sistema de salud hoy; y la urgencia de tener una Agencia de Evaluación de Tecnologías en Salud.

Scarsi conversó con Comunicar Salud en la sede de la Federación Médica del Conurbano (FEMECON). Médico psiquiatra, especialista en Salud Pública y magister en Administración y Gestión de Servicios de Salud, está cumpliendo su segundo mandato no consecutivo frente a esta Institución, que lleva más de 25 años agrupando a las asociaciones médicas del conurbano bonaerense.

En un diálogo abierto, Scarsi habló de todos los temas que debieran ser parte de la agenda del sector en pos de un sistema de salud sólido y equitativo.

¿En qué aspectos se fortaleció la Institución con su participación?

Particularmente, yo estoy desde la fundación de FEMECON, en los 90,  y entonces tuvimos el objetivo de darle vigencia a la Institución, en medio de los avatares de la política general del país.  Porque en esa década, todo aquello que no fuera comercial o empresario estaba llamado a desaparecer.  Nos tocó un momento muy difícil para arrancar. Y la lucha fue por darle vigencia a las instituciones representativas.

Aún en los países capitalistas por definición, las entidades intermedias siempre tuvieron un rol muy importante a todo nivel: social, económico, político, de representación genuina de sectores. En  Argentina, había una grave disputa. Una expresión  clara fue el famoso decreto de desregulación del entonces ministro de economía Domingo Cavallo, que prácticamente borraba de un plumazo este tipo de instituciones no comerciales.

Desde aquella época, tenemos el desafío de sostener la idea de las instituciones intermedias no lucrativas como verdaderas representantes de los distintos sectores.  En nuestro caso, de los médicos.  Logramos consolidarnos con el paso del tiempo, representar a un sector y tener una fuerte inserción con la comunidad. Esto es una muy buena fórmula para el desarrollo de cualquier proyecto. Así como digo que en los 90 estábamos llamados a desaparecer, después fuimos consolidando nuestra presencia.

¿Cuáles fueron los desafíos que enfrentó como presidente?

Un tema muy importante fue haber tomado la conducción en el proceso de cambio de gobierno a nivel país. Sin entrar en la disquisición partidaria ni de valores, siempre un cambio de gobierno implica incertidumbre para todos los sectores sociales, políticos, económicos, en cuanto a determinadas reglas del juego.

Se abría un nuevo interrogante respecto a cuál iba a ser la vinculación. No porque tengamos una relación directa con el gobierno, pero sí por las tendencias que se marcan en los distintos niveles.

Las dos vinculaciones más fuertes a nivel de la provincia de Buenos Aires las tenemos, por un lado, con la obra social IOMA y, por otro, en una proporción muchísimo menor, con el Seguro Público de Salud que administra el Ministerio.

En el caso de IOMA, mantenemos una relación desde hace años. Es un volumen muy importante desde el punto de vista del trabajo médico, son 2 millones de afiliados. Con el Instituto hicimos un trabajo muy profundo durante todo 2016. Inicialmente, hubo una revisión del convenio y el 1 de febrero del año pasado le dieron de baja. Algo muy parecido a lo que está pasando ahora en el PAMI, con los mismos actores.

Fue una gestión con la que empezamos en forma dura, casi traumática. Pero a lo largo del año nos fuimos poniendo de acuerdo en una cantidad de cosas. Y aquí vuelvo al protagonismo de las entidades intermedias.

Creo que el gobierno comprendió que no se trataba de una corporación económica y que nuestra misión principal es tratar que el médico tenga el mayor y mejor trabajo posible. Lo que no nos aleja de nuestra responsabilidad social, sanitaria, política. Y que en ese sentido somos interlocutores muy buenos, porque tenemos una visión amplia de la cosa. Sabemos que la negociación permanente implica avanzar y ceder en posiciones, según las necesidades del conjunto, no de las particulares.

Eso se lo pudimos demostrar. Tanto es así, que terminamos casi un año después llegado a un acuerdo trascendente que mejoró el anterior y consolidó la relación. Y luego, llamativamente, esta gestión con las que tantas fricciones tuvimos y con la que tanto costó llegar a un acuerdo repite en el PAMI una secuencia parecida. Aunque ahí no tenemos relación porque FEMECON no mantiene acuerdos con el PAMI.

Yo estoy muy orgulloso de haber sido parte del grupo de gestión de todo este último año, en donde se jugó lo más importante que hoy tienen las entidades médicas de la provincia que es la vinculación con el IOMA.

Nosotros fuimos sometidos a un escaneo con tomógrafos de última generación para ver cuál era la conducta, el comportamiento en líneas de gestión institucional. Y me alegro que haya sido así. Porque esto ha sido completamente transparente desde siempre y se ratificó con un acuerdo muy importante, en el que hay intereses en juego y sectores en pugna. Porque tampoco desconocemos el negocio de la salud, en el mejor de los sentidos.

Por eso digo que el haber ratificado con la nueva gestión nuestra presencia no es poca cosa. Esto lo valoramos mucho.

¿Cuál es el vínculo con las nuevas autoridades de IOMA?  

Notamos, y ellos mismos lo expresaron, una absoluta continuidad y coherencia con lo que se venía haciendo. Estamos hablando de días, con lo cual es muy difícil medir una gestión. Al día de hoy seguimos con lo que se acordó anteriormente y recibimos el mensaje de esta continuidad. Cambiaron las personas pero hay una directriz que continúa.

¿Y cómo es la relación con el Ministerio de Salud? 

Es más lejano. No por diferencias o dificultades, sino porque todavía no supimos encontrar espacios comunes para trabajar. Que los hay, seguro.

Nuestros médicos participan de actividades hospitalarias, el Seguro Público de Salud y montones de programas  sanitarios en los que, por el solo hecho de ser médicos, estamos involucrados.

El Seguro Público, por ejemplo,  es un programa que desarrolló el Ministerio hace muchos años, una muy buena iniciativa a la que durante una época se le dio bastante impulso. Lamentablemente no logró constituirse como una política de Estado y las distintas gestiones que se sucedieron fueron cambiando la óptica, el perfil y no creció  de la manera que nosotros esperábamos y ahora está en plena revisión.

De lo que fue inicialmente quedó un grupo residual con el que nos seguimos vinculando: nosotros ponemos los médicos, el Ministerio administra el presupuesto, y tenemos algún programa en común.  En este momento está en su mínima expresión o con la aparente intención política de reflotar el tema y volver a ponerlo en marcha.

Creo que el Ministerio hoy  tiene a los hospitales como primera prioridad. Tienen una estructura muy compleja y no ha habido oportunidad de hablar de proyectos conjuntos, que es con lo que nosotros permanentemente insistimos y creemos que es uno de los valores que podemos ofrecer aquí.

¿Cuál sería el aporte que FEMECON puede hacer a las políticas sanitarias?

De todo tipo. Nosotros tenemos una pata que nos gusta, por la que transitamos hace tiempo, que es la capacitación y  formación de recursos humanos. Actualización, desarrollo académico, gestión de recursos, todo lo relativo a administración y medicina sanitaria, temas  que hoy son los problemas más importantes que afectan al sector.  Nos parece que desde ese lugar podemos contribuir.

También en la difusión, un elemento esencial en todo lo que tiene que ver con la salud. El saber comunicar. Las nuestras son estructuras -la de FEMECON es la más joven- que nuclean  entidades primarias, que concentran  técnicos y personal administrativo altamente calificado. Nosotros pensamos siempre en la sinergia, en la tan mentada conformación del mix público/privado, como una manera de aprovechar los recursos. Esto se lo hemos planteado a distintas gestiones.

De repente, a un proceso de facturación de una obra social se le puede adicionar la de un hospital, por ejemplo. A un mínimo costo, sin ningún problema, con circuitos que ya están probados. Y no estamos hablando de privatizar, porque nuestro único negocio es que los médicos trabajen y cobren bien por eso. Creo que el próximo punto de agenda importante, lo se impone en la agenda, es buscar la forma de cogestión con el Estado.

Esto es lo que fuimos pudiendo hacer con IOMA. En definitiva, es un modelo de cogestión público/privado. Después que lo llamen como quieran, pero es una administración participada.

El planteo que trato de impulsar, es que aprovechemos mutuamente las capacidades de cada uno. Pretendemos algo más, ser parte de ese universo que implica un sistema de salud, una forma de administración, de financiación y de prestar el servicio.  Un sistema que aborde lo sanitario, que incluye calidad, actualización, control del recurso humano. Eso es lo que puede dar la Federación. Y es lo que, insisto, puede la institución sumar al Estado.

Además del vínculo con el subsector público, ¿con qué otros articulan?

Por la característica de nuestro trabajo lo hacemos con todo el universo de la salud, que no somos solo los médicos. Conformamos un grupo de afinidad muy fuerte con el resto de las profesiones, que también están vinculadas al IOMA: odontólogos, bioquímicos, otros sectores médicos de la provincia de Buenos Aires que no son del conurbano,  y con las clínicas y sanatorios, que son una parte importantísima de la cosa.

Tampoco hay medicina sin las empresas sanatoriales, esto es así. Y ahí el mayor desafío y el ejercicio que tenemos y seguimos practicando, es mantener el equilibrio. Ser consientes de que nadie puede capitalizar toda la situación o pretender ponerse en dueño de todo el programa, porque no le sirve a nadie.

Se agregan también sectores que acompañan a la salud como los académicos, que no están limitados a las facultades de Medicina. Tenemos vínculo con facultades de Economía, Arquitectura y Derecho. Nuestra integración con el mundo de la salud es plena. Sin restricciones, y sin prejuicios.

¿Cuáles son los objetivos que se plantean en el corto plazo?

Para nosotros un gran tema es el PAMI. Son casi 5 millones de personas que pertenecen a un subsector muy importante, de una composición especial por la franja etaria y social.

Queremos conversar con PAMI,  porque venimos de muchos años de silencio y nos parece que esta es una buena oportunidad. Hay mejor y mayor disposición al diálogo.

Hoy  vemos en los diarios  que se cambia una modalidad por otra. La verdad es que no sé si está bien, mal o más o menos, pero se está discutiendo. Porque en lo que sí coincidimos, es que así no está bien. Hay mucho dinero en juego; sectores que no quieren dar cuenta de su transparencia y jubilados mal atendidos o insatisfechos.

Todo esto hace que una luz roja se prenda. Todo gestor corre detrás de eso todos  los días, pero en algún momento hay que darse un espacio, un tiempo. Tener grupos que piensen cómo van a hacer modificaciones estructurales. Porque si no, lo único que cabe es hacer más aportes, aumentar los impuestos, ponerles más cargas al trabajo, que dure un tiempo y volvemos a hacer lo mismo. Mientras tanto, el sistema no funciona bien.

Me parece que hay condiciones para repensar al PAMI. Condiciones anímicas, de estilo, o por lo menos de una mejor escucha para poder discutir algunas cosas. El PAMI además es el Instituto de Servicios Sociales que tiene que contemplar la cobertura de un montón de cosas, además de la atención médica.

Si yo digo que tenemos una signatura pendiente, no es un reclamo a los gobiernos. Ni a este, ni al que se fue, ni al que vendrá. La asignatura pendiente es replantear el sistema. Y replantearlo con todos los satélites que hay alrededor del universo de la medicina, de la atención de la salud o del sector.

Uno de ellos es la justicia y el otro el poder legislativo. Porque si no, parece que el problema del PAMI, el de IOMA o el del Ministerio, fuera de Cassinotti y Lemus, pero no es de ellos. Son actores importantes, pero nosotros conformamos también ese universo. Pero estamos inevitablemente atravesados por la política legislativa, y por la justicia y su accionar permanente en temas de salud pero que, con excepciones, no entienden lo que es un sistema de salud.

Creo que es el no poder abordar este concepto de sistema. Hay un algoritmo que es muy fuerte que dice “a mí no se me va a morir nadie adentro de un juzgado”. Esto significa que cualquier cosa que venga a pedir se la tengo que dar, cosa de mantener al cubierto eso.

Nosotros asistimos a fallos y vemos exigencias que padece el propio Estado. Es el que más sufre los recursos de amparo, la mala praxis, las demandas indebidas. Nos ha costado mucho y nos sigue costando que la justicia se involucre.

Ahí también hemos tenido muchas iniciativas: congresos, charlas, seminarios, encuentro con los jueces.

Hay países en donde funcionan ciertos organismos y normativas que frenan la judicialización de la salud, ¿cómo ve esa opción para Argentina?

En ese sentido hay una iniciativa del Ejecutivo que me parece muy interesante, que es la creación de la Agencia de Evaluación de Tecnologías en Salud. En este universo que no está limitado a los actores de salud, integrar el Ministerio de Salud con el de Ciencia y Tecnología, me parece bien.

Pero vuelvo al tema de cómo se involucran todos los actores en el sistema de salud. Se entiende que es un año muy especial, las Cámaras casi no se han reunido. Si se reúnen, este tema debe ser prioridad número mil.

No veo la perspectiva de que sea sancionada rápidamente, y parece que no se están dando cuenta que es una urgencia. Alguien debe regular, no sólo si está bien o no instalar un tomógrafo, sino la aparición de nuevos protocolos de tratamiento, nuevas drogas, nuevas vacunas. La dinámica de la salud es vertiginosa, de alguna manera hay que ir poniéndola en caja y decir qué sirve, si cumple con la evidencia o no lo hace.

Que sea un elemento al que la justicia tome como referencia, sería más que importante. Esto no se arregla -como en algún momento un sector de la política planteaba- con una bicameral, porque no es una cuestión política. Es una cuestión científica, ética, humana, técnica. Tiene que estar integrado todo eso.

Las definiciones deben ser casi inapelables, otorgando un marco y un contenido a las decisiones judiciales y también a las administrativas. A veces los mismos organismos tiene que incorporar procedimientos, drogas, tecnología, que por ahí se aprobó en otro país y entonces lo homologamos.

En el mundo existen países con sistemas de salud muy desarrollados como el caso emblemático de Inglaterra que tiene el NICE, el cual funciona de esta manera y sus fallos son inapelables. Me parece que hay que ir modelando lo propio.

 
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