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¿Como saber si un alimento contiene azúcar?

La presencia en un alimento de su rótulo “sin azúcar”, “sin azúcar agregado” y “reducido de azúcar” no implica que no tenga hidratos de carbono, lo importante es verificar la cantidad de carbohidratos totales, observar los ingredientes que lo componen, analizar la información en su conjunto y decidir si este alimento es lo que queremos consumir.

A la hora de comprar nuestros alimentos poder identificar cuál es el adecuado no es una tarea fácil, siempre se nos presentan dudas, confusiones y no sabemos que es lo que estamos consumiendo.

Es importante conocer la información sobre el contenido de nutrientes que se declara en el rótulo y que se encuentra en una sección denominada Información Nutricional. Deben leerse todos los ingredientes, quizá lo rotulen como “sin azúcar” y sólo hace referencia al agregado, pudiendo contenerla naturalmente.

Es preciso saber que las declaraciones como por ejemplo la que asegura “sin azúcar”, “sin azúcar agregado” y “reducido de azúcar”, no implica libres, aun contienen carbohidratos.

Un alimento que se expresara "cero" o "0" o "no contiene"  es aquel que posee como máximo 4 Kcal y 0.5 gr de carbohidratos por porción (expresada en gr o en ml). Entre los ejemplos se incluyen las bebidas dietéticas, los postres de gelatina sin azúcar, los helados de palito sin azúcar, los chiclets sin azúcar y los jarabes sin azúcar. 

Los alimentos “sin agregado de azúcar” no reciben agregados de azúcar de ningún tipo durante el procesamiento o el envasado y no contienen ingredientes con alto contenido de azúcar. Pero pueden tener un alto contenido de carbohidratos naturalmente.

Los alimentos que se declaran como “reducidos en azúcar”  poseen comparándolo con el alimento tradicional o estándar un 25% menos de carbohidratos.

La educación en alimentación es una de las herramientas más importantes con las que cuenta el consumidor.

Mediante ellas podrá elegir correctamente todos aquellos alimentos que le permitan llevar adelante su tratamiento sin sentir privaciones, simplemente optando con su paladar y sus conocimientos.

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Anemia Ferropénica

La carencia de hierro, o ferropenia, es el trastorno nutricional más común y extendido en todo el planeta. Se trata de la única enfermedad carencial que además de afectar a la salud de gran número de niños y mujeres.

Se estima que en los países en desarrollo una de cada dos embarazadas y alrededor de un 40% de los niños en edad preescolar padecen anemia.

En muchos países en desarrollo, la anemia ferropénica se ve agravada por el padecimiento de infecciones parasitarias, paludismo y otras enfermedades infecciosas como el VIH y la tuberculosis.

Las principales complicaciones que conlleva son: desenlaces poco satisfactorios del embarazo, problemas de desarrollo físico y cognitivo, mayor riesgo de morbilidad en los niños y reducción de la productividad laboral en los adultos.

Las cifras son alarmantes: 2000 millones de personas –más del 30% de la población mundial– padecen anemia, debido principalmente a la carencia de hierro, un problema que en las regiones de escasos recursos con frecuencia se ve agravado por diversas enfermedades infecciosas.

La carencia de hierro afecta a más personas que cualquier otra afección, lo que la convierte en un problema de salud pública de proporciones epidémicas

Invisible aunque omnipresente en muchos países en desarrollo, el verdadero costo de la carencia de hierro se diluye en un mar de tasas generales de mortalidad, hemorragia materna, bajo rendimiento escolar y disminución de la productividad. Pero lo cierto es que afecta a millones de personas. Sus consecuencias sanitarias, casi imperceptibles pero no por ello menos devastadoras, van erosionando sigilosamente el potencial de desarrollo de muchas personas, sociedades y economías nacionales.

La eliminación de la anemia ferropénica exige un esfuerzo verdaderamente audaz por parte de los gobiernos del mundo entero y de la comunidad internacional.

La OMS ha elaborado un conjunto integral de medidas de salud pública que abordan todos los aspectos de la ferropenia y la anemia. Este instrumento se está aplicando en países con elevados niveles de carencia de hierro y anemias.

Incremento de la ingesta de hierro. Diversificación de la dieta (incluyendo alimentos ricos en hierro y mejorando los niveles de absorción), enriquecimiento de los alimentos y administración de suplementos de hierro.

Una ingesta apropiada de alimentos ricos en hierro (carnes rojas, hígado, morcilla, legumbres, semillas, etc) y una mejor absorción del mismo evitando ingerirlos junto a lácteos, vegetales de hoja, fibra, ayudan a prevenir la anemia.

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Cuidados del Corazón

En la actualidad la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, es la primera causa de fallecimiento en nuestro país, por encima de otras enfermedades como el cáncer.

Alimentá tu corazón

La alimentación es uno de los pilares básicos para el cuidado del corazón

Controla el consumo de alimentos con un alto contenido en azúcares y sal.

Intenta incluir en tu dieta cinco porciones de fruta y verdura al día

Mantén el consumo de bebidas alcohólicas dentro de los límites recomendados por los profesionales de la salud.

Incorpore alimentos ricos en fibra como cereales integrales, legumbres, vegetales y frutas

Mueve tu Corazón

Mantenerse físicamente activo

Intenta realizar como mínimo 30 minutos de actividad física moderada cinco veces a la semana. 

Subir las escaleras,  andar o en bicicleta en lugar de auto.

Compartir el ejercicio con los amigos y la familia. Estará más motivado

Antes de comenzar una nueva rutina de ejercicio consultar al médico.

Amá tu Corazón

Dejar de fumar es la decisión más importante para mejorar la salud de tu corazón.

A los 2 años de abandonar el hábito de fumar reduce sustancialmente el riesgo de padecer una enfermedad coronaria.

A los 15 años de dejar de fumar el riesgo de enfermedad cardiovascular es similar al de una persona no fumadora.

Si le resulta complicado dejar el tabaco solicita la ayuda de un profesional.

Realizar actividades recreativas, que lo hagan sentir felíz favorece la salud psíquica y cardiovascular

29 de Septiembre DIA MUNDIAL DEL CORAZÓN

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Hipertension Arterial

Esta enfermedad, caracterizada por valores elevados de la presión arterial,  pude ser de origen primario, si hay un componente genético o hereditario que predispone a la persona a padecerla en algún momento de su vida, o secundaria a alguna otra patología.

El control de la hipertensión,  es muy importante, ya que se trata del mayor factor de riesgo en lo que respecta al desarrollo de trastornos cardiovasculares es por eso que se establece la necesidad de cambios en el estilo de vida para lograr controlar la presión arterial y vivir saludablemente.

 

Reducir la ingesta de sodio

Si bien la reducción del consumo de sodio disminuye la tensión arterial, esta respuesta varía considerablemente entre individuos, pero es recomendable una ingestión inferior a 2.4 gr. de sodio o 6 gr. de cloruro de sodio (sal de mesa) por día ya que en Argentina el consumo es excesivo rondando en los 12 a 14 gr. día. Se recomienda el reemplazo por condimentos aromáticos, hierbas.

Limitar la ingestión de alcohol

Se recomienda en hombres una ingesta inferior a 2 vasos de vino, 2 latas de cerveza o 2 medidas de whisky (graduación 80), mientras que para las mujeres es la mitad de lo recomendado para los hombres.

Realizar actividad física aeróbica

Lo recomendable es realizar ejercicios aeróbicos como caminatas, ciclismo, natación, baile, etc., con una intensidad moderada tres a cinco veces por semana entre 20 a 60 minutos

Evitar el sobrepeso

La pérdida de peso aunque sea en un porcentaje pequeño, es uno de los métodos que mejores resultados da para disminuir los niveles de presión

La actividad física disminuye entre 5 y 25 mm Hg. la presión sistólica pero no todos los individuos responden de la misma manera.

Mantener una ingesta adecuada de potasio y calcio

La ingestión elevada de alimentos ricos en potasio (carnes, leche, banana, naranja, pomelo, mandarina, manzana, zanahoria y espinaca) se asocia con la disminución de la presión y de los factores de riesgo cardiovascular. Los suplementos de potasio y las sales ricas en este mineral deben utilizarse con precaución en personas con insuficiencia renal.

La ingestión insuficiente de calcio (leche, yogur, quesos bajos en sodio, pescado) también se ha asociado con el incremento de la prevalencia, sin embargo, con un incremento de calcio por encima de lo recomendado la educción de la presión es mínima.

No fumar

El cigarrillo se relaciona con un incremento significativo de la presión arterial.

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Relación entre obesidad e hígado graso

Son numerosos y bien conocidos los efectos beneficiosos de la pérdida de peso en pacientes con sobrepeso u obesidad.

Los más relevantes y con mayor impacto sobre calidad de vida y disminución de la mortalidad se centran en la mejoría de patologías como hipertensión, diabetes, dislipemia, etc.

Sin embargo, existe una patología silenciosa y poco jerarquizada entre los problemas de un paciente obeso que es la esteatosis o ¨hígado graso¨.

Se refiere a una enfermedad del hígado caracterizada por acumulación de ácidos grasos y triglicéridos en las células hepáticas (hepatocitos). Cuando este cuadro se acompaña de inflamación (hepatitis) no relacionada al consumo de alcohol, se denomina esteato-hepatitis no alcohólica.

Al lo largo de su evolución puede progresar hasta llegar a la cirrosis. Constituye una de las principales causas de enfermedad hepática por su estrecha asociación con la obesidad y la alta prevalencia de ésta.

Los hallazgos son alentadores y probablemente sumen otro beneficio (a los ya conocidos) a la reducción de peso en pacientes obesos con indicación de tratamiento quirúrgico. El gran impacto de la disminución de peso sobre el compromiso hepático disminuye sensiblemente el riesgo de progresión de los cambios inflamatorios y por ende la aparición de fibrosis (cirrosis).

No obstante, en primera instancia debemos jerarquizar y maximizar los múltiples efectos positivos de la reducción de peso en pacientes con obesidad, que sigue siendo la vía final común para la modificación y control de todos los factores de riesgo.

La pérdida de peso mejorando la calidad y cantidad de alimentos, la incorporación de hábitos de vida saludables, como descansar entre 7 y 8 horas, no fumar y practicar alguna actividad física, ha demostrado la notable mejoría de esta afección.

 

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